Cumplir años no es lo mismo que aprender a envejecer

Aprender a envejecer es clave para vivir con bienestar y dignidad. La preparación comienza desde la juventud.

Autor: Fabián Trejos Cascante, Licenciado en Economía y Máster en Gestión de Políticas Públicas, Gerente General de AGECO.

Existe una diferencia profunda entre festejar el natalicio y envejecer con sentido. Esto último exige una preparación que rara vez forma parte de la educación, de las políticas públicas o de las conversaciones familiares. Aprendemos que es necesario estudiar, trabajar, producir, competir e incluso jubilarnos. Pero no todas las personas descubren cómo aprovechar la etapa de la vejez.

Envejecer bien es más que evitar enfermedades; implica mantener la capacidad funcional, la autonomía, la participación, el cumplimiento de los derechos humanos y el vivir con bienestar. También es aceptar y adaptarse a los cambios con dignidad; es mantener la curiosidad, fortalecer los vínculos, encontrar nuevos propósitos y comprender que el valor de una persona no disminuye con el paso del tiempo.

Suele apreciarse la etapa de la juventud. En ese contexto, no es fácil aceptar que algunas personas alcanzan edades avanzadas sin prepararse emocional, social y culturalmente para la vejez.

Prepararse para envejecer debería ser una tarea desde los primeros años de vida; es cuidar del cuerpo y cultivar amistades más allá del trabajo y de las obligaciones. Es descubrir que la autonomía también consiste en saber pedir ayuda; entender que el propósito de la vida necesita reinventarse con periodicidad. Es prepararse emocionalmente para las pérdidas y cambios en muchos aspectos de la vida. También puede ser el tiempo de descubrir la libertad de vivir con menos prisa, con mayor profundidad y con una mirada más compasiva en el entorno.

Se habla de pensiones, de enfermedades y de dependencia, como si la vejez fuera únicamente un desafío económico y no una experiencia profundamente humana. Pero se dialoga muy poco sobre salud emocional, vínculos, espiritualidad, participación social o del derecho a seguir sintiéndose persona útil.

Aprender a envejecer es una responsabilidad colectiva. Es crear comunidades donde las personas mayores y su experiencia tengan valor y donde el envejecimiento se aprecie como logro. La calidad de una sociedad no se mide solo por cómo protege a la infancia, sino también por cómo acompaña a quienes han recorrido el camino por más tiempo.

Quizás la pregunta no sea ¿cuánto tiempo viviremos?, sino ¿cómo estamos construyendo la persona que seremos cuando el espejo nos devuelva un rostro lleno de historia? y ¿qué condiciones estamos creando para vivir mejor esta etapa en sociedad?

Tal vez exista incapacidad para entender el envejecimiento, porque la vejez no se improvisa. Envejecer es un privilegio que se destiñe cuando se vive entre la soledad, el abandono o la discriminación.

El desafío es cambiar la conversación y las acciones: dejar de contar únicamente los años y empezar a valorar la calidad de vida que somos capaces de construir a lo largo de ellos. Porque, al final, la aspiración es vivir más y la verdadera pregunta es si se podrá aprender a vivir mejor mientras se envejece.

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