Sam Altman advierte sobre una burbuja de IA y el futuro de ChatGPT

Sam Altman, CEO de OpenAI, advierte sobre una burbuja de IA y admite errores en el lanzamiento de GPT-5, mientras ChatGPT alcanza 700 millones de usuarios.

Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, considera que actualmente vivimos en una burbuja de inteligencia artificial debido al entusiasmo excesivo de los inversionistas y las enormes cantidades de dinero que se están moviendo en este sector. Así lo comentó en una entrevista con The Verge y otros medios.

Altman reconoció que la IA es uno de los avances más importantes de los últimos tiempos, pero al mismo tiempo señaló que hay un exceso de expectativas que podría traer riesgos económicos. También admitió que el lanzamiento de GPT-5 fue apresurado y generó molestia entre los usuarios, lo que obligó a la compañía a reactivar el acceso al modelo anterior, GPT-4o.

En cuanto a la relación que algunas personas desarrollan con ChatGPT, Altman fue claro: la compañía no convertirá su chatbot en un robot sexual de anime, marcando distancia con propuestas más polémicas como las de Grok, de Elon Musk.

Actualmente, ChatGPT cuenta con más de 700 millones de usuarios semanales, lo que lo posiciona como el quinto sitio web más visitado del mundo. Altman cree que pronto podría superar a Instagram y Facebook para colocarse en el tercer lugar, solo por detrás de Google y YouTube.

El problema es que la demanda ha puesto a los servidores de OpenAI al límite. La empresa ya tiene modelos más avanzados, pero no los lanza porque no existe la infraestructura suficiente para soportarlos. Para enfrentar esto, planea invertir un billón de dólares en centros de datos.

Además, grandes tecnológicas como Google, Amazon, Meta y Microsoft proyectan destinar más de 364 mil millones de dólares en IA solo en 2025, lo que alimenta aún más el crecimiento del sector. Analistas advierten que, si esta burbuja llegara a estallar, el impacto en la economía global sería enorme.

Altman adelantó que OpenAI trabaja en nuevos proyectos, incluyendo una interfaz cerebro-computadora para competir con Neuralink y posibles adquisiciones estratégicas, como la de Chrome, en caso de que el gobierno de EE.UU. obligue a Google a venderlo.

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