Me retiro como Controlador de Tránsito Aéreo del Aeropuerto Internacional Juan Santamaría (AIJS), un lugar que durante más de tres décadas fue mucho más que mi sitio de trabajo: fue mi segunda casa.
Cuando inicié este camino, jamás imaginé todo lo que la aviación me permitiría vivir. Con el paso de los años, tuve el privilegio de desempeñarme como controlador, Supervisor de Torre, instructor de inglés aeronáutico y formador de controladores y pilotos, compartiendo conocimientos y experiencias con profesionales de Costa Rica y de otros países.
También tuve el honor de representar a los controladores de nuestra región como Vicepresidente para las Américas de IFATCA. Fue una experiencia que amplió mis horizontes y reafirmó una convicción fundamental: sin importar las fronteras, los idiomas o el tamaño de los aeropuertos, nuestra prioridad siempre es la seguridad operacional.
Pero, por encima de cargos y representaciones, siempre sentí un orgullo especial al ocupar una posición de control en la Torre del Juan Santamaría.
Desde allí vi transformarse nuestra aviación, cambiar los procedimientos y evolucionar la tecnología. Compartí turnos, madrugadas, fines de semana y momentos de gran intensidad con varias generaciones de compañeros. También conocí esa satisfacción única que se siente al terminar un turno difícil sabiendo que cumplimos nuestra misión.
Detrás de cada indicativo había una aeronave; detrás de cada aeronave, personas; y detrás de cada autorización, una responsabilidad que nunca tomé a la ligera.
También me llevo la satisfacción de haber enseñado. Compartir lo aprendido y contribuir a la formación de quienes continúan esta profesión es, sin duda, una parte importante del legado que dejo.
A mis compañeros y compañeras de todos estos años: gracias. Gracias a quienes me enseñaron, a quienes compartieron conmigo una posición de control y a las nuevas generaciones que hoy tienen la responsabilidad de cuidar nuestros cielos.
Recuerdo también con cariño y respeto a los compañeros que ya no están con nosotros. Ellos forman parte de esta historia y permanecerán siempre en nuestra memoria.
Y, sobre todo, gracias a mi familia. Ellos también vivieron los turnos, las madrugadas, las ausencias y los sacrificios que esta profesión exige. Este logro también les pertenece.
Hoy cierro mi etapa operacional con tranquilidad, gratitud y orgullo.
Seguramente será extraño escuchar una aeronave sobrevolar San José o verla despegar del Juan Santamaría y saber que ya no estaré detrás del micrófono. Pero cada vez que mire al cielo, una parte de mí seguirá en aquella Torre.
34 años, 8 meses y 18 días.
No fue simplemente un trabajo.
Fue mi profesión.
Fue mi pasión.
Fue una parte fundamental de mi vida.
Gracias a la aviación de Costa Rica y a todos quienes compartieron este viaje conmigo.
A quienes continúan frente a una frecuencia:
cuídense entre ustedes, respeten esta profesión y nunca olviden que la seguridad siempre estará por encima de todo.
Mi turno finalmente termina.
Misión cumplida. ✈️🇨🇷